Por JUAN LÓPEZ
Cuando el Consejo Electoral Provisional (CEP) de Haití fijó el domingo 30 de agosto de 2026 como fecha para realizar las próximas elecciones presidenciales, congresuales y municipales; en nuestra reflexión titulada “Pacificación y control previo a elecciones haitianas”, publicada el pasado 22 de marzo, afirmamos lo siguiente:
“El desastre socio-político de los haitianos es de tal magnitud que, inmediatamente, el CEP, publicó la “intención” de montar un proceso electoral para el 30 de agosto… en menos de dos meses, ya fueron reconocidos 280 partidos. Otros 20 partidos están esperando reconocimientos: Posiblemente, participarán en dichos comicios 300 diferentes partidos. ¡Qué caricatura de país!”
Nuestro vaticinio tuvo como fundamentación la auténtica realidad por la que, lamentablemente, atraviesa Haití, sintetizada en estos párrafos:
“a) Haití es el país más empobrecido del hemisferio occidental. Más del 75 % vive en la pobreza. b) Desde 2015 las actividades productivas están semi-paralizadas, con una inflación por encima del 25 %. c) Desde hace más de cinco años en Haití no hay presidente y tampoco Congreso.
“Lo peor, d) varias pandillas de delincuentes armados controlan más del 80 % del territorio en base a violencia, secuestros, extorsiones, destrucciones, saqueos, narcotráfico y miles de muertos. Un país en total zozobra e inseguridad ciudadana. Carencia total de institucionalidad y gobernabilidad. ¡Verdaderamente, un Estado fallido!
“Porque en esa tétrica e impredecible realidad socio-política es temerario y casi imposible realizar elecciones democráticas, libres, equitativas, con resultados transparentes y aceptados por los participantes; se impone que, previamente, se realice un profundo proceso de pacificación; que requiere desarmar, controlar e inhabilitar las diferentes bandas de delincuentes armados.”
El contenido de nuestra reflexión resultó ser un certero vaticinio que ahora es reivindicado con las declaraciones que, el pasado 19 de mayo, produjo el primer ministro haitiano Alix Didier Fils-Aimé:
“…Las elecciones en Haití sólo podrán celebrarse cuando las autoridades logren recuperar el control del país y enfrentar la violencia de las bandas armadas que mantienen gran parte del territorio bajo amenaza.
También afirmó que: “Sin seguridad no pueden realizarse comicios serios y prometió continuar las operaciones contra los grupos criminales que operan principalmente en Puerto Príncipe y otras zonas del país. El Gobierno no negociará con pandillas ni permitirá que organizaciones criminales influyan en el proceso democrático.”
Ese pronunciamiento del primer ministro haitiano fue reforzado (el 20-5-2026), por esta opinión de la representación de las Naciones Unidas (ONU) en Haití: “Aunque las autoridades haitianas (CEP) anunciaron elecciones para el próximo 30 de agosto, cumplir con esa fecha parece improbable. El país todavía no cuenta con un nuevo calendario electoral oficial.”
La histórica y compleja crisis socio-económica y política que padece Haití se complicó mucho más con el cruento magnicidio de Jovenel Moise, en julio de 2021. Desde esa fecha, la institucionalidad y frágil gobernabilidad han sido un desastre total:
El Estado haitiano quedó acéfalo, sin presidente ni congreso, han tenido cinco primer ministros provisionales. También fracasó la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad que lideraron policías Kenianos (retirados el pasado 28 de abril) y el 1ro. de mayo llegaron 550 efectivos de una avanzada de 5,550 militares de la Fuerza de Supresión de Pandillas autorizada por la ONU.
Es evidente, Haití es víctima de la intolerancia, ambiciones y prejuicios raciales (principalmente, negros versus mulatos) que imposibilitan los acuerdos entre haitianos. Son incapaces de resolver sus conflictos sin intervenciones internacionales. Ahí está su historia: ¡seis ocupaciones militares directas, a partir del siglo XX!
Desgraciadamente, hasta la fecha, todas las gestiones realizadas por la comunidad internacional (ONU, OEA, CARICOM, Unión Europea, EE.UU., importantes ONGs. y personalidades) han fracasado. No existen fórmulas socio-políticas que, racionalmente, unifiquen a la clase política y sus élites empresariales e intelectuales, a tal grado que, ya el CEP tiene registrado 320 partidos para participar en las inciertas “próximas elecciones”.
Ante ese lúgubre e impredecible panorama socio-político, reiteramos estas preguntas: ¿Cómo se podrán organizar elecciones democráticas, equitativas y transparentes? ¿Pa’cuando podría fijarse fechas ciertas para esas elecciones? ¿Será necesario que la ONU decida materializar una intervención cívico-militar hasta controlar y desarmar las pandillas para la pacificación de Haití?
En esta reflexión consideramos que, realmente, procede una rápida y efectiva intervención cívico-militar de Haití, patrocinada por la ONU que gobierne en Haití durante varios años, hasta concretizar el desarme y supresión de las bandas, el control y definitiva pacificación de Haití como cuestión imprescindible para crear las imprescindibles condiciones que permitan realizar sus elecciones para que puedan retomar los caminos de gobernabilidad e institucionalidad.
Para esos propósitos, el pueblo y gobierno dominicanos, dentro de sus posibilidades diplomáticas, debe colaborar con ese proceso de pacificación en Haití porque es lo que, verdaderamente, conviene al pueblo haitiano, a los países de la región y, en especial, a la República Dominicana. ¡Ojala así ocurra!






