La mesa de seguridad de todos los lunes, actividad que tiene ocasión de ser en sede policial y que reúne al jefe del Estado y de gobierno, y a instancia de éste, al director de la policía nacional y los principales incumbentes de ese cuerpo, a la Procuradora General de la República y los Procuradores Fiscales titulares de toda la geografía nacional, los cabezas de los organismos de investigación y de manejo de información sensible de seguridad, todo con la finalidad de dar una respuesta institucional y conjunta a la delincuencia, la violencia y los flagelos conexos a la inseguridad ciudadana y del Estado. Un buen intento sin dudas, pero natimuerto, y en cambio, la buena intención se concreta en afectación de las garantías de los ciudadanos.
Todos marchan y giran y discursan en pos y en torno al mandatario, a quien presentan sus estadísticas en power point, que a decir de los mismos, muestran los avances en la lucha contra el delito y el crimen cotidianos, al menos eso dicen basados en las pretendidas respuestas rápidas, aquellas que por la prisa tiende a desconocer garantías, disminuir el rigor científico investigativo y a saltarse algunas reglas. La investigación penal acelerada es una de tomar atajos y justificar con engaños, lo que, aún bien intencionado, como todo lo del gobierno, devino en descantar la investigación cualitativa por la cuantitativa.
Fiscales, funcionarios y policías van en hileras que rememoran a Salomé, princesa idumea, hijastra de Herodes Antipas, a ofrendar al presidente las cabezas de los tenidos por autores de los hechos punibles más sonoros, le muestran sus maquillados resultados, y como el mandatario no es abogado ni conoce de procedimiento penal investigativo, solo ve números, estadísticas sin respaldos probatorios, y sin posibilidades de éxitos procesales. Muchos malos casos que a la vez son buenos números.
Y obvio, no puede faltar alguna que otra crítica al sistema de juzgación, -“Nosotros los apresamos pero ellos los sueltan”, cuando deberían decir que ponen a la ciudadanía en peligro de ser sujeto de una imputación sin pruebas, de un arresto que presuntamente cierra un caso, con el agravante de que los jueces de forma irresponsable tienen una presunción de fe en el sistema persecutor. De ahí que, nunca como ahora tengamos más presos y condenados inocentes, y personas reputacionalmente asesinadas a cargo del Estado.
La investigación penal tiene prisa, y ya sabemos que la prisa es enemiga de lo bien hecho. Se gasta el dinero de seguridad en producir titulares periodísticos de impactos, que lejos de reducir la criminalidad, afianzan a los delincuentes en su aureola de impunidad, pues la necesidad de brindar informaciones de la cantidad de procesados y procesos cerrados o encausados los lunes de inseguridad, hace que todos seamos pasibles de ser imputados en sustitución del autor real de un delito si éste no es capturado en el periodo que transcurre entre lunes y lunes.
El periodo de solución de un proceso es de seis días, dos de los cuales no son laborables, tiempo que necesitan los súbditos del rey para mostrar sus particulares eficacias. Números maquillados y erráticas imputaciones son los resultados finales que apuntan a un resquebrajamiento de la seguridad jurídica, del debido proceso y las garantías de derecho, para que sustentado en estos, el mandatario le diga a la ciudadanía que su percepción de aumento de la criminalidad es un error, una percepción con velatorios no contados y robos sin resolver en la realidad.
Las reuniones de los lunes ha creado un ambiente político en instituciones presuntamente apolíticas, vítores, loas, pleitesías, reconocimientos y espaldarazos al primer mandatario, un ambiente de familiaridad que hace de los “independientes” unos partisanos y de los apolíticos adeptos, con el agravante de que envía un mensaje distorsionado de empoderamiento, de apoyo a instituciones que vienen luchando por exorcizar, de sofocar sus propios demonios de abusos, excesos y arbitrariedades. Y ocurrió como cuando enviaron a los fiscales a los cuarteles policiales con el interés de que estos se convirtieran en más garantes de los derechos, pero ocurrió al revés y los fiscales terminaron siendo más policías que fiscales, y en este caso, Presidente, fiscales y funcionarios cada día son un poco más policías, con lo que eso significa.
PHARA STERLING LA REINA DE LOS RAYOS
He aquí un ejemplo de empoderamiento sin fiscalización y límites claramente definidos:
PHARA STERLING, una adolescente soñadora, con apellido extraño para su entorno. Había nacido catorce años antes de aquel encuentro inesperado con quien sería, hasta que la muerte los separe, su esposo y único amor. Ella se había alejado apenas unos metros de su ruta habitual y de repente estaba en un camino polvoriento, como toda su nación, y allí estaba PIRÉ bailando y contorneándose con un estilo que no solo obligó a sus ojos a ver, sino que casi la impulsaba a saltar al ruedo y bailar.
Habían unas pocas personas en la angosta calle. Desde una pequeña fonda se escuchaba la música que bailaba PIRÉ, y una matrona desde el interior de la fondo gritaba sonriente en un créole haitiano fonéticamente hermoso, -“Ese es mi muchacho, la gracia de su madre y la elegancia de su padre”-
PHARA STERLING estaba inmóvil, quería permanecer y sabía que tenía que acudir a sus obligaciones en casa, sin embargo permanecía allí, inmóvil ante lo que para ella era un impactante espectáculo, hasta que un rayo negro cayó e incineró uno de los pocos árboles de aquel derredor, solo ella pudo verlo, y tras él, la lluvia disolvió aquel primer encuentro de solo miradas, tuvo que correr para no empaparse, y no dejaba de estar atraída por aquel joven fornido, dotado de gracia y encanto que desde entonces ocupó sus pensamientos y emociones. Fue así como la vida usó su magia para unirlos.
Pocos años después vivían en la sección de Aubert en la ciudad de Port-de-Paix, en el departamento Noroeste de Haití. Una joven y grácil pareja que sobrevivía a las grandes penurias que asolan en la primera nación negra libre del universo.
Fue a poco de un año de casados cuando vino el primo de PIRÉ de vacaciones. Pierrë Pierrot solía visitar el pueblo de ambos, contiguo al de su actual vivienda. Pierrè pasaba jornadas en Haití, pero laboraba en una hacienda agrícola en el país contiguo, la República Dominicana, era un ilegal allí, pero se las arreglaba para cruzar la frontera al menos dos veces al año. PIERRË convenció a su primo de ir a laborar en Moca, un lugar verde, rodeado de árboles, con mucha agua y gente noble que los trataban humanamente, le pintó el edén en la tierra, el paraíso prometido, y a las personas de allí, deidades que practican la bondad y la justicia. Todo lo que no germinaba en el agreste suelo desértico y deforestado de su amado lar.
De regreso a la Moca de los dioses del bien, PIERRË llevaba consigo una resaca de ingesta de alcohol doméstico del día anterior, la mitad de su equipaje y a dos nuevos pasajeros, mejor dicho a tres, porque una estaba llena de otro.
Cruzaron la frontera con óbolos para los guardias custodios, abordaron dos vehículos que lo dejaron luego de una larga travesía en el edén prometido, Moca, tierra de la que desconocían su historia de eliminadores de suplicios e injusticias, de ajusticiadores de tiranos y de bravos y titánicos héroes. PIRÉ y su mujer embarazada fueron bien recibidos, el buen hombre de la finca agrícola sirvióles de su propia mano el primer alimento que comían en dos días, todo un manjar, no solo por el hambre sino por la calidad de la comida que también el mismo dueño degustó.
Los dos nuevos llegados fueron destinados en una casita independiente a las barracas de cinco casas juntas que compartían otros jornaleros. Tenían un baño común con las otras personas en el que debían turnarse, cuatro sillas y una mesa pequeña, una cama nada cómoda para nadie que no haya nacido en la más extrema necesidad, pero que para ellos era un postopédico. Sintieron que Dios les veía con buenos ojos, no practicaban el budú, eran cristianos, y al día siguiente ya PIRÉ demostraba su valor en las sudorosas y fatigosas labores agrícolas, aprendió rápidamente su función y podía sustituir a dos bueyes en el trabajo forzado.
El espigado varón de cuerpo fibroso y definido, fuerte por necesidad, se ganó la confianza de sus amos, así se veía y sentía, agradecía a Dios por estas tierras y su gente, sus dos únicos hijos nacieron en Moca, eran mocanos de hecho pero sin derecho a llamarse así, su gentilicio no existe, nacieron porque ninguna ley podría impedirlo, porque es divino y natural, y crecían con todas las limitaciones menos las del amor.
El primero de enero de 2026 el último de los dos hijos de la pareja PIRÉ y PHARA cumplía su segundo año, y todos en la hacienda celebraron aquel acontecimiento. El dueño les obsequió el bizcocho de al menos dos libras y trajo algunos refrescos.
Para PHARA, esa aún delgada y elegante joven mujer de tés oscura y brillosa, de caderas contorneadas, cara ovalada y ojos marrones redondos, de contextura de diosa africana con cuello de jirafa que terminaban en una quijada de diseño arquitectónico, era impensable que ya habían pasado seis años de estar aquí, en la tierra prometida, lejos de su patria y de su gente y feliz de la gente que les recibió. Amaba a su familia y su vida y amaba el país que le acogió.
Celebraban la libertad, pues no se es libre en estado absoluto de pobreza, la libertad primera es la de conciencia y la emancipación más importante es la de la pobreza, celebraban la vida, y el favor que Dios les hizo con sus hijos y esta nación a la que terminaron por amar y cuidar, amaban a sus patrones, gente noble, gente buena que les alimentaron y pagaron justamente su jornal, y agradecieron a Dios por tanto.
Tres días después, el cuatro de enero, llegaron las brigadas de migración en sus búsquedas afanosos de nacionales haitianos ilegales, de hombre, mujeres y niños reconocibles por lo oscuro de su piel, la negritud, su signo distintivo. PHARA lavaba junto a una palizada distante a unos cien metros de su casa cuando las hordas sedientas llegaron, vestidos de negro, algunos con pasamontañas y mucha agitación, vio a otros conocidos correr, uno de los agentes levantó su arma larga y sintió miedo, y corrió también rumbo a su casa, pero ésta ya estaba sitiada y tuvo que cambiar de rumbo, corría por sus hijos ahora en la escuela, corría por su esposo y su historia, corría por la libertad y por este país al que ya amaba, corría, corría, corría y ya era casi atrapada y lloraba, lloraba, lloraba por lo que el indeseado encuentro significaba. Uno de los agentes casi la atrapa del brazo cuando cambió repentinamente de dirección y fue a dar con unos cables caídos próximo a una verja limítrofe de una finca, y solo ella pudo ver nueva vez aquel rayo negro, y sintió la libertad nacer de su ser cuando ella escapaba del cuerpo que la contuvo por treinta y tres años, electrocutada, murió. Era la coordenada 19.3974380-70.4737550 el lugar que más amó y que más felicidad le dio y en el que vio finalizado todo.
La dejaron tendida ahí, ya no era necesaria su deportación, pareciera que es la vida a lo que se deporta.
A nadie importó la realidad de sus hijos huérfanos de madre y nación, de padre deportado y sin presente, dejados en el abismo existencial como víctimas de la vorágine y la falacia publicitada de lucha contra la migración ilegal que en realidad es un círculo vicioso, en el que echan a los haitianos del país y luego le venden la entrada nueva vez, en un interminable problema que nace y renace en las fronteras.
Los agentes migratorios penetraron la casa que fue de PHARA y revisaron las gavetas del gavetero y de la mesita de noche y de la cocina que un año atrás habían comprado, como si en su interior pudieran alojarse personas. Sin órdenes, sin fiscalización legal, sin jueces ni fiscales, en el omnímodo poder del que puede y abusa del mismo.
PHARA STERLING fue reducida a un número, 87657, puesto en un acta de levantamiento de cadáveres del fiscal Michael Taveras, y en la narrativa del informe del médico legista Dr. Arnaldo Vásquez, que concluía con la escritura DX: Descarga por Electrocución, que no produjeron consecuencia alguna. Los guardias siquiera manifestaron pesar, era algo más en su cotidianidad accionaria.
Ningún medio se consternó, ninguna información se publicó, no hubo nota diplomática ni manifestaciones de pesar, ni siquiera una amonestación a las tropas empoderadas, porque nada pasó, porque nadie murió, porque PHARA STERLING a nadie importó, salvo a mi.
Más sobre el autor: es miembro del Instituto Dominicano de Derecho Penal.









