Por Julina Staffeld
La salida de República Dominicana del Mapa del Hambre es una buena noticia.
Según el informe The State of Food Security and Nutrition in the World 2026 (SOFI), el país redujo la prevalencia de subalimentación por debajo del 2.5%, el umbral utilizado por la FAO para esta clasificación.
Pero salir del Mapa del Hambre no significa que el hambre haya desaparecido.
Significa que el país produce suficientes alimentos para que el hambre severa afecte a una proporción menor de la población. Lo que no significa es que todas las familias dominicanas tengan acceso regular a una alimentación adecuada.
Ese es el verdadero desafío.
Desde el Banco de Alimentos de la República Dominicana lo vemos cada día. A través de cerca de 200 instituciones brindamos asistencia alimentaria a más de 20,000 personas cada mes a traves de organizaciones que atienden niños huérfanos y sobrevivientes de abuso, adultos mayores, personas con discapacidad, personas en recuperación de adicciones y comunidades vulnerables en zonas agrícolas a nivel nacional.
La inseguridad alimentaria no solo se manifiesta como hambre. También aparece en forma de desnutrición, malnutrición, deficiencias nutricionales y dietas de baja calidad. El propio informe SOFI destaca que el acceso económico a una dieta saludable sigue siendo uno de los principales desafíos mundiales.
Y mientras miles de dominicanos enfrentan dificultades para acceder a alimentos nutritivos, el país desperdicia alrededor de 1.2 millones de kilogramos de alimentos cada semana, según estudios citados por la FAO.
La contradicción es evidente.
Tenemos alimentos.
Tenemos necesidad.
Pero seguimos sin conectarlos eficazmente.
Este Día Mundial de la Alimentación nos encuentra además sin una ley nacional para prevenir y reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos. Y con normativas que merecen ser revisadas para facilitar la donación de productos aptos para el consumo humano en lugar de desalentarla.
La Norma General 09-21 de la DGII fue diseñada para controlar la destrucción de bienes. Sin embargo, los alimentos son diferentes. Son perecederos. Su valor social está en alimentar personas, no en convertirse en desperdicio. Ninguna política pública debería hacer más difícil donar alimentos que descartarlos.
La verdadera pregunta no es si salimos o no del Mapa del Hambre.
La pregunta es cómo podemos desperdiciar más de un millón de kilos de alimentos cada semana mientras miles de dominicanos todavía necesitan ayuda para acceder a una alimentación adecuada.
Salir del Mapa del Hambre es un logro. Garantizar que los alimentos lleguen a quienes los necesitan debe ser el próximo objetivo nacional. debe ser el próximo objetivo nacional.
Más sobre la autora. Es Directora Ejecutiva del Banco de Alimentos RD










