Por Valentín Medrano
Hace mucho que no escribo, y escribir estas notas me atraerá mucha desafección, pero como abogado le he pedido siempre a los jueces que vayan contra mayoría, que apliquen e impartan la justicia aunque el cielo se caiga, sin importar si la decisión que hace justicia también sea impopular, así que estoy obligado a decir lo que creo aún cuando esto me gane impopularidad.
Todos conocen a José Ramírez, un pelotero de los Guardianes de Cleveland desde que eran Indios. Nació en esa franquicia de béisbol, trabajó duro, siempre su esfuerzo debió ser el doble de sus compañeros y competidores, porque no desayunó con corn flakes cuando pequeño y no poseía la genética de los mamuts americanos. Nació pobre y tuvo una alimentación acorde con su estrechez económica. No fue primera selección de nadie, muy por el contrario, era desechado por los reclutadores que anteponían sus prejuicios a su talento, su estatura y delgadez no eran una buena carta de presentación y nadie lo proyectaba a ascender a las grandes ligas. La fe en él y su futuro como jugador de pelota solo residían su determinación y la confianza y expectativas que en él tenía su padre y primer entrenador, Enrique Báez.
Enriquito, el hijo de Enrique, quien otrora fuera un jugador aficionado de béisbol, las tenía todas en su contra, alguna vez dijo en una entrevista que recordaba las palabras de desaliento que algún reclutador le profirió, y que eso fue una de las tantas chispas que encendieron su autodeterminación.
Su coraje y esfuerzo duplicado, su trabajo intenso y constante, su alma, su determinación, produjeron los frutos que nadie auguró, y de repente hizo incursión en las grandes ligas, y lejos de disminuir su angustioso trajinar, redobló el ya redoblado esfuerzo y se convirtió no en un jugador sino en una súper estrella del béisbol. Por su conducta en el terreno y su pasividad conductual como ciudadano no solo se ganó la posición de tercera base titular de Cleveland sino que también se ganó a toda una ciudad.
José Ramírez es el dueño absoluto de los corazones de los ciudadanos de la laboriosa ciudad de Cleveland, la figura deportiva más aclamada, respetada, conocida y querida.
En los últimos cuatro años ha estado entre los primeros tres finalistas al Jugador Más Valioso de la liga americana, y ha sido el jugador más consistente ofensivamente en los últimos diez años. A la par con estos logros, que incluyen ser finalista al premio de guante de oro, haber sido en varias ocasiones bateador de 30 cuadrangulares y treinta bases robadas, varios bates de plata, y haber prácticamente borrado todos los récords internos para jugador de posición del equipo de Cleveland, el mismo se mantiene como un activo importante cuál capital humano positivo de la gran ciudad del estado de Ohio. ¡Cleveland ama y respeta a José Ramírez!
José Ramírez también ama a Cleveland y ese amor en dos vías se demuestra en un pacto que lo convierte en jugador de Cleveland hasta que cumpla los 39 años, que es una edad regularmente de retiro. He ahí la manifestación de respeto y de amor entrambos. Pero, José Ramírez nació en Bani, creció en Baní, y siente y ama a Baní y a su país natal, la República Dominicana. Se desvive por su nación, ama y muestra con orgullo su bandera, aprovechando cualquier espacio de promoción de la misma en su uniforme, en donde lo permitan, una hebilla de su correa, algunas gūantillas con la bandera, una codera, una sudadera, una cadena con el escudo, y en fin, hace cuanto sea para mostrar su fervor patrio.
Sin embargo, y aquí viene lo triste, José Ramírez, el pelotero más amado en Cleveland, recientemente reconocido como el mejor jugador latino en todo el béisbol, el segundo extranjero y el quinto en todo el big show, quien además fuera seleccionado por el mas importante béisbol del mundo como el mejor tercera base de las Grandes Ligas, jamás ha sido valorado igualmente en su país.
A excepción del periodista Héctor Gómez, quien por su tendencia a apreciar estadísticas crudas y su objetividad periodística, prácticamente ningún cronista deportivo le da el mismo sitial que se ha ganado con su coraje en los Estados Unidos.
Si bien es cierto que José Ramírez es uno de los peloteros menos valorados y publicitados acorde a su desempeño, en el mercado norteamericano, no menos cierto es que esa realidad en su país es más drástica, incomprensible e injusta, ya que en el mercado americano se entiende el porqué los grandes titulares los ocupan los equipos y jugadores de mercados grandes, pero en RD todos son, o deben ser, sus muchachos del big show, pero no ocurre así.
Entre los jugadores dominicanos de grandes ligas se lanzan y relanzan piropos, se exaltan, tienen compadrazgos, y hasta aquellos que han hecho el crossover, de jugador activo a cronista del béisbol, loan a muchos de nuestros jugadores de Grandes Ligas; y respecto a José Ramírez no pueden evitar algunas pocas palabras de encomio solo porque es imposible obviar su fantástico desempeño.
Para solo una muestra, a nadie en la gerencia o en la conformación del equipo dominicano que participaría en el clásico mundial de béisbol se le ocurrió manifestar públicamente y sin chistar que “José Ramírez, si decidía participar en el equipo sería el seguro tercera base dominicano”, muy por el contrario, dirigentes, cronistas y hasta fanáticos soñaban con su presencia y los ponían en sus rosters imaginarios como designado del equipo o en alguna otra posición que no fuera su natural tercera base.
El mejor tercera base del béisbol no es considerado el mejor tercera base de su país, algo inaudito, increíble e inaceptable. .
Ese sutil irrespeto, esa desconsideración se camufla pero hiere, y está llamada a producir una reacción en el jugador mejor valorado en Cleveland, una ciudad con un PIB superior al de todo nuestro país, que tiene no solo un equipo de béisbol de Grandes Ligas como otras 30 ciudades del mundo y un equipo de basketball profesional, los Cavaliers, sino que es centro de comercio y producción importante de la más poderosa nación del mundo.
Si bien, reitero, en el mercado norteamericano los equipos y jugadores de grandes mercados reciben, como parte del manejo de imágenes y del entretenimiento como comercio, los grandes titulares y atenciones, no se irrespeta a los jugadores de mercados pequeños, por eso es José Ramírez de la pequeña Cleveland y no un jugador de New York, Boston o California el mejor tercera base de todo el béisbol.
Lo cierto es que José Ramírez no fue tratado por su país como lo tratan fuera del mismo. Pero, a su reacción, que deviene de una ley física, “a toda acción le corresponde una reacción”, la tildamos como antipatriótica, respecto de una patria que, con muy contadas excepciones, se ha negado a ser equitativa, justa y orgullosa de su abnegado hijo, quien ha más que demostrado su amor por ella, pero que es humano y no está supuesto a someterse a desconsideraciones innecesarias e injustas.
Sé, y es lo que debo recalcar, que José Ramírez ama a su país de manera visceral, en alguna ocasión me dijo ‘que ‘Dios, su familia, su país y el béisbol son sus amores, que siente un enorme orgullo por su tierra a la que ama’ y solo era respuesta a una pregunta trivial sobre sus gustos y preferencias, empero, hay que entender que él es un producto, un ente del béisbol que se debe al béisbol, y que está obligado a tomar decisiones que siempre incluyan el parecer de su agente, el de su equipo de grandes ligas, al béisbol y al producto denominado José Ramírez, que aunque humilde y bonachón, aveces debe asumir posturas que exigen el trato ganado y debido y nada más.
Más sobre el autor es miembro del Instituto Dominicano de Derecho Penal.







