Por Marcos Ant. Martinez
«La historia de la diplomacia americana puede leerse como el relato de la lucha entre concepciones del orden mundial: una basada en el equilibrio de poder, la otra en un sistema universal de principios legales.» Y agregamos: ilegales ( Henry Kissinger, Diplomacia, Capítulo 1: El nuevo orden mundial).
La reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, culminando en la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas Delta, el 3 de enero de 2026, refleja el retorno a un orden mundial multipolar donde el equilibrio de poder define las relaciones internacionales, tal como Kissinger describe en el primer capítulo de “Diplomacia”.
Bajo la presidencia de Donald Trump, esta operación no solo busca justicia por narcotráfico, sino que reafirma la proyección de poder económico, militar y tecnológico de EE.UU. frente a rivales como China y Rusia. Nunca estaremos de acuerdo con el sometimiento de un pueblo por un régimen de opresión como el que existe en Venezuela, que ha provocado la migración de casi 8 millones de venezolanos; jamás justificaremos eso, pero tampoco justificaremos la forma y manera de cambiar ese orden, que revela intereses geopolíticos más allá de la liberación humanitaria.
Raíces en Kissinger: Del Unipolarismo al Multipolarismo
Kissinger explica que el siglo XX vio a los Estados Unidos de América “rechazar el equilibrio de poder europeo, prefiriendo un orden basado en democracia y derecho internacional”; pero el fin de la Guerra Fría fragmentó el mundo en múltiples centros de poder. Hoy, la captura de Maduro –tras un strike preciso como el de un lanzador dominicano en el arco béisbolero, impactando Caracas y permitiendo su traslado a Nueva York para cargos por traficar toneladas de cocaína– ilustra cómo EE.UU. adapta su «excepcionalismo» a esta realidad, navegando nacionalismos crecientes sin la dominación unipolar.
USA., China y Rusia: La triada en tensión con acuerdo implícito
Rusia y China, aliados históricos de Maduro, han invertido masivamente en Venezuela –China con préstamos por más de $60 mil millones a cambio de petróleo crudo y Rusia con contratos energéticos y militares por miles de millones–, pero ahora enfrentan incertidumbre sobre la recuperación de estos capitales en un país bajo control estadounidense. Han mostrado respuestas tímidas: Pekín exige su liberación inmediata invocando «violación al derecho internacional», mientras Moscú limita ayuda a tanqueros de petróleo.
Instrumentos del poder económico, militar y tecnológico
La multipolaridad se mide en grados precisos: poder económico (control petrolero venezolano para «hacer fluir el petróleo», según Trump), militar (captura quirúrgica sin bajas fatales no reportadas hasta ahora, mediante 150 aviones en «Operation Absolute Resolve») y tecnológico (despliegue de Starlink junto con avances en inteligencia artificial como uno más de los instrumentos decisivos de dominio, potenciando vigilancia y ciberdefensa en Venezuela post-Maduro). Esto pervierte el caos actual hacia un orden restaurado, en línea con la lógica de Kissinger que urge en su análisis: diplomacia realista sobre utopías. Poder simple poder imperial
Intereses vitales sobre alianzas: Juan Bosch y la lógica imperial reiterada por Kissinger
El profesor Juan Bosch, intelectual y político dominicano, en su icónico libro “El Caribe: Frontera Imperial”, anticipa la tesis que Kissinger sistematiza décadas después: las potencias no tienen aliados permanentes, solo intereses vitales en todos los hemisferios para su supervivencia estratégica.
Bosch describe nuestra región como tablero donde fuerzas imperiales usan soberanías «entre comillas» para proyectar poder, una lógica que Kissinger confirma al analizar el equilibrio de potencias europeas de los siglos XVIII , XIX y XX, como principios universales. Esta dinámica imperial se remonta al «descubrimiento» de América, cuando tratados como Tordesillas (1494) entre España y Portugal –sin dueños nativos en la mesa– dividieron continentes enteros: tú tomas Brasil, yo el resto, en un incipiente equilibrio donde Europa negociaba soberanías ajenas con la misma frialdad que hoy al parecer muestra la triada USA, RUSIA y CHINA.
La captura de Maduro repite esta mecánica colonial: Rusia colocó misiles en Cuba en 1962 no por lealtad a Castro, sino para forzar una reacción estadounidense que resultó en el retiro de misiles de Turquía, no consultado a CUBA al pactar de espalda a esta –dos imperios negociando sobre cabezas caribeñas, tal como Bosch documenta la lógica imperial que atraviesa siglos.
Visión Prospectiva: Esferas de influencia y la lucha subyacente
El presidente Trump justifica la intervención como golpe contra el narcotráfico y restauración democrática, pero esta narrativa enmascara la realpolitik de esferas de poder: EE.UU. reclama dominio en las Américas bajo una Doctrina Monroe renovada, Rusia revive su influencia en Europa del Este al estilo de la URSS, y China consolida Asia como su patio trasero.
Cada potencia incursiona en las órbitas ajenas –EE.UU. en Ucrania vía OTAN, Rusia Ucrania, en Venezuela vía petróleo, China en África y el Pacífico–, generando tensiones como conflicto que impactan a terceros usados como proxies al estilo de la pasada Guerra Fría .
Hacia adelante, pasos probables incluyen cumbres discretas para demarcar esferas (similar a Yalta), con Venezuela como moneda de cambio: EE.UU. asegura petróleo fluido, Rusia cede América por Donbás, y China negocia tecnología a cambio de no-expansionismo en el mar del Sur de China, todo en un marco diplomático-Guerra Fría que evita colapso global, pero perpetúa la competencia equilibrada para ellos, desigual para los otros.
Más sobre el autor: Marcos Ant. Martinez, es Arquitecto y Especialista en Ordenamiento y Desarrollo Territorial








