Por Roberto Monclus
El desayuno del expresidente Hipólito Mejía en la residencia del doctor Ismael Reyes Cruz, presidente del Partido Institucional Dominicano (PDI), no puede verse como un simple encuentro social entre viejos compañeros y amigos.
En política, los gestos hablan tanto como las palabras, y a veces más.
Que ambos líderes conversaran “de todo un poco” suena diplomático; que la política fuera el tema central, resulta natural en dos veteranos del escenario nacional.
Hipólito llegó temprano a la residencia de la familia Reyes Vidal, timoneada por don Ismael y doña Fanny, en el exclusivo sector de Arroyo Hondo.
Doña Fanny preparó un desayuno típico campesino dominicano: mangú humeante, huevos fritos, salami y queso, sabores que conectan con la esencia rural del exmandatario. La escena proyecta cercanía, tradición y confianza. Pero en la cultura política dominicana, compartir el pan —o el mangú— también puede simbolizar entendimientos políticos.
No es un secreto que Mejía recorre el territorio nacional y el extranjero promoviendo el proyecto presidencial de su hija, la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía. Su activismo no es improvisado: responde a una estrategia de consolidación de apoyos dentro y fuera de su partido. Y es aquí donde el contexto cobra relevancia.
El desayuno con Ismael Reyes ocurre justo cuando se activa un cronograma de anuncios de apoyo a David Collado, aspirante a la nominación presidencial por el Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Se produce además horas después de la celebración de los 11 años de fundación del PRM y en medio de un escenario donde Collado recibe respaldos públicos de funcionarios del gobierno. Aunque la primaria perremeísta será cerrada, la dinámica interna luce cada vez más intensa.
La gran pregunta es inevitable: ¿se selló un preacuerdo político-electoral entre mangú, huevos fritos, salami y queso? ¿O fue simplemente un desayuno entre dirigentes que se respetan? En política no existen las casualidades prolongadas. Cuando un líder con la experiencia de Hipólito Mejía cruza la puerta de un partido distinto al suyo (el PDI), el mensaje trasciende la cordialidad.
Quizás no hubo firma ni fotografía oficial de compromiso. Pero el simbolismo está servido en la mesa. En un escenario donde las alianzas pueden definir el desenlace de una contienda, buscar aliados “afuera” podría ser una jugada preventiva por si las aguas internas se tornan turbulentas. En definitiva, más que un desayuno, lo ocurrido en la casa de Ismael Reyes en Arroyo Hondo parece un movimiento en el tablero político nacional. Y en ese tablero, cada conversación cuenta.







